La institucionalización de la meteorología en Costa Rica (1860-1910)

(Flora Solano, R. Díaz y J. Amador, 2013)

Presentación por Eric J. Alfaro

 

Luego de su expedición a la Isla del Coco a finales del siglo XIX, el Dr. Henri Pittier consideró este sitio como de vital importancia, a nivel nacional y regional, para realizar observaciones continuas de distintos parámetros geofísicos y mejorar el entendimiento del sistema climático en el Pacífico Tropical del Este. Hoy sabemos que dicho lugar se encuentra dentro de una de las regiones geográficas en donde ocurre una de las mayores señales de variabilidad climática conocida como El Niño-Oscilación del Sur o ENOS. Sin embargo, no es hasta hace pocos años, a principios de la segunda década del siglo XXI, que el Instituto Meteorológico Nacional de Costa Rica (IMN), establece una estación automática en dicha isla, luego de un intento anterior a principios de este siglo por parte del mismo IMN y del Instituto Costarricense de Electricidad.

Llamo aquí el interés sobre un primer punto relacionado con esta historia, ya que la institución que llega a materializar lo señalado por Pittier en 1898, es el IMN, que casualmente es una organización que el Dr. Pittier ayudó a gestar y que luego sería absorbida, bajo su mando, por el Instituto Físico-Geográfico.

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El fortalecimiento de esta institución, el IMN, tiene sus bases, como nos lo señalan los autores en el primer capítulo de este libro, durante los inicios de la segunda mitad del siglo XIX. En estos años, los gobiernos de turno ven la necesidad de impulsar la meteorología, como parte integral de los planes de desarrollo para las principales actividades económicas del país. La Oficina de Estadística comienza a sistematizar la toma de los datos meteorológicos y, algo muy importante de señalar, es que dicha práctica es sometida al conocimiento de pares internacionales, es incluso elogiada y pasa a formar parte también ya de sociedades internacionales como la Organización Meteorológica Internacional. Es notable también la calidad de algunas de las descripciones climáticas hechas, como lo seco y cálido del año de 1864, durante el cual sucedió un evento El Niño, lo que coincide en términos generales con los impactos esperados de dichas fases cálidas del ENOS en la vertiente Pacífica de Costa Rica. Cabe destacar que para lograr esta relevancia nacional e internacional, fue imprescindible el papel que jugaron los directores de dicha oficina, a saber Fernando Streber, Federico Maison y Enrique Villavicencio, con el apoyo de las distintas autoridades del gobierno. Es aquí en donde encontramos ya la fonnación de una ptimera red de estaciones meteorológicas, con ubicaciones en distintos puntos del país.

Durante la lectura del segundo capítulo, los lectores encontrarán situaciones que suceden en la actualidad, pero que también sucedieron durante los primeros años de fundación del IMN en 1888. La polémica vivida por los directores de la Oficina de Estadística y del IMN, Enrique Villavicencio y Henri Pittier, nos hace pensar que la duplicidad de funciones que observamos hoy en día por algunas de las instituciones en la función pública, no es un problema nuevo y que cuando estas colaboraron, buenos frutos rindieron. Es de rescatar que el IMN mantiene las "buenas prácticas" relacionadas con las observaciones meteorológicas luego de su fundación y de que, a pesar del cierre de la Universidad de Santo Tomás en 1888, este se nutre de sus laboratorios y se siguen formando cuadros, principalmente en los centros educativos de segunda enseñanza que la sucedieron. Volvemos aquí a otro punto importante de esta historia, ya que luego de que se restablece el sistema universitario en el país, la Universidad de Costa Rica en el año 1968 inicia la carrera de meteorología, con el apoyo de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en Costa Rica, sucesora de la Organización Meteorológica Internacional. Cabe destacar que mucho del personal en meteorología de la región centroamericana ha sido formado en este Centro de Formación Profesional de la OMM.

Es durante el desarrollo del tercer capítulo retomamos otro problema no superado aún, y es la falta de presupuesto en la instituciones del estado. Por ejemplo, en la actualidad, algunas veces hay problemas para financiar las visitas del personal que mantiene la red nacional de estaciones meteorológicas o para apoyar las observaciones aerológicas diarias por medio de los radiosondeos. Los autores nos explican la manera mediante la cual el IMN, ya incorporado al Instituto Físico-Geográfico, se ve forzado a cerrar sus puertas en 1899, luego de su reciente fundación; sin embargo la mística y el esfuerzo de su personal no paraliza totalmente las actividades, lo cual es vital para mantener la red y las observaciones meteorológicas, como una de las secciones del Instituto Físico-Geográfico. Este capítulo tercero describe el desarrollo de este Instituto en donde se muestra también la fundación de otras importantes instituciones nacionales como lo es hoy en día el Museo Nacional y en donde no sólo lidió con problemas de índole nacional, sino también internacional, al cual se le encomienda lo referente a los límites fronterizos con Nicaragua. Se muestra también la salida del Dr. Pittier de las instituciones costarricenses y como su labor es continuada por Paul Biolley y Anastasio Alfaro, siendo este último quién lo integra al Museo Nacional en 1910.

Sin embargo, no todas las observaciones meteorológicas o las descripciones climáticas de la época fueron hechas por las instituciones gubernamentales descritas en los primeros tres capítulos del libro. En el cuarto de ellos, los autores presentan un sumario de los viajeros y exploradores más importantes que visitaron el país durante esos años. Cabe destacar que estos realizaron sus observaciones y descripciones
respondiendo a necesidades de muy diversas disciplinas, lo que lleva al último punto que quiero resaltar, ya que casualmente este libro se elabora dentro del marco del Programa de Estudios Sociales, la Ciencia, la Técnica y el Medio Ambiente del Centro de Investigaciones Geofísicas de la Universidad de Costa Rica. Este es un programa de interés institucional, el cual ha sido muy fructífero y se ha caracterizado por un trabajo multidisciplinario, permitiendo por ejemplo la colaboración en común de lo que la Universidad de Costa Rica llama las "Ciencias Básicas" como la Física y la Meteorología, e investigadores de las Ciencias Sociales, como la Historia y la Geografía, lo cual, viéndolo en perspectiva, sería la forma más natural de investigación sobre "La institucionalización de la Meteorología en Costa Rica (1860-1910)'', título y tema que desarrolla este libro que aquí se presenta.