Justificación

 

Las tecnologías que hasta la década de 1970 se aplicaron en forma generalizada para aumentar la productividad capitalista, implicaron un incremento igual y a veces mayor, en el consumo de materias primas y energéticos, a la vez que aumentaron la generación de residuos contaminantes. En las últimas décadas del siglo XX destacan, entre los avances científico-tecnológicos que permiten sostener el crecimiento económico, la microelectrónica, la biotecnología y la ciencia de los nuevos materiales. Estas tres nuevas tecnologías básicas, denominadas “de punta”, aportan ventajas a la producción, tales como ahorro en el costo de mano de obra, mejoramiento de la calidad de los productos finales, disminución del costo de los materiales, reducción de los residuos contaminantes y del uso energético, entre otros. Una característica importante de las tecnologías de punta es el traslape de unas con otras, por ejemplo el uso de computadoras en ingeniería genética, en robótica y en telecomunicaciones. El corte de telas con rayos láser, guiado por computadora, para reducir al mínimo el desperdicio o bien, la aplicación de dicha tríada a la exploración y explotación de nuevas fuentes energéticas.

El uso cada vez más intensivo de estas nuevas tecnologías y de la base científica que las sustenta, provocó desde finales del siglo XX, la aparición de cambios significativos en la capacidad productiva, en la distribución del poder a nivel mundial, en las relaciones de la sociedad con la naturaleza, en la estructura social y en diversos aspectos culturales, como las creencias y representaciones del mundo en los colectivos sociales.

De acuerdo con algunos enfoques novedosos, la ciencia y la tecnología se deben estudiar de manera integrada, de allí que se ha creado la noción de tecnociencia, la cual llama la atención sobre el hecho de que la innovación científica y tecnológica se ha convertido en un componente vital de la reproducción de la sociedad. La cultura de la “modernidad” elevó a la tecnología al estatus de agente de cambio. En este discurso, muchos autores han convertido a la tecnología en la fuerza motriz de la historia: en este tipo de relatos aparece una innovación técnica que desencadena eventos trascendentales. La génesis del invento no es considerada importante, sino que la relevancia se concede más bien a las consecuencias del mismo invento.

Dichos estudios han aportado elementos para mejorar la comprehensión de las dimensiones social, material y simbólica en las que se desenvuelve el fenómeno tecnocientífico, pues entre sus contribuciones se cuentan elementos teórico-metodológicos que permiten a los colectivos e individuos hablar intersubjetivamente del mundo. Además, al proporcionar la innovación diversos artefactos para la reproducción material de la sociedad, se da una recreación de las relaciones entre los actores sociales e institucionales de la sociedad contemporánea y entre éstos y la naturaleza, que también son objeto de estudio.

Así, a “…diferencia de otras fuerzas más abstractas a las que los [científicos sociales]…suelen atribuir un poder determinante (por ejemplo, las formaciones socioeconómicas, políticas, culturales e ideológicas), la materialidad o tangibilidad de los artilugios mecánicos -la posibilidad de acceder a ellos a través de la percepción sensorial- contribuye a una sensación de eficacia causal visible. Considerados en conjunto, estos relatos formados por un antes y un después dan origen a la concepción de la ‘tecnología’ como una entidad independiente, como un agente de cambio casi autónomo”.

Los estudios contemporáneos de la investigación tecnocientífica han desacreditado las nociones tradicionales según las cuales la tecnociencia es una actividad individual, reveladora de la realidad y de elaboraciones objetivas. Más bien ahora se considera que ésta es una actividad eminentemente social, que su realismo es en el fondo una construcción simbólica de sus creadores y que sus acuñaciones son convencionales.

Por otra parte, han puesto en tela de juicio la separación ontológica hombre-naturaleza con la que se ha pensado tradicionalmente la ciencia, la tecnología y la misma sociedad. La Naturaleza puede ser reinventada, reconstruida, gracias a los avances científico-tecnológicos, y a la vez se ha modificado la concepción de seres humanos liberables de las condiciones que ofrece la Naturaleza, pues éstos también pueden ser reconstruibles, pero se perciben en esta nueva visión, como interdependientes del mundo material.

Estos planteamiento han tenido tal acogida a nivel internacional, que se está desarrollando todo un campo de trabajo en ciencias, humanidades y ciencias sociales, con aceptación creciente. Se trata de analizar críticamente el fenómeno científico-tecnológico en su contexto social, cuyo objeto de estudio está constituido por los condicionantes sociales que lo producen, así como las consecuencias de dicha práctica sobre las sociedades y el entorno natural. Sus productos han enriquecido el conocimiento sobre el proceso de producción del conocimiento científico y de los artefactos con los que vivimos.

Así, por ejemplo, el cambio técnico -concebido como cualquier innovación que provoque incrementos en la productividad- es un objeto de estudio complejo porque engloba muchas actividades humanas y debe tener en cuenta el contexto histórico, así como contemplar la posibilidad de coexistencia de varias tecnologías en un momento determinado. Los modelos explicativos sobre el cambio técnico se sitúan en un espacio limitado por el determinismo puro -y sus variantes- y la más absoluta incertidumbre, irracionalidad, azar o indeterminación.

El estudio profesional de la tecnociencia es reciente y tiene un desarrollo desigual. En los países industrializados, el tema se encuentra institucionalizado en grandes sociedades científicas y numerosos centros de investigación de gran tradición. Actualmente, el estudio social de la tecnociencia está representado mundialmente por algunas sociedades científicas, entre las que sobresalen: la Society for Social Studies of Science (4S), la European Association for the Study of Science and Technology (EASST) y la Society for History of Technology (SHOT). En el caso iberoamericano destaca el grupo de estudios sobre Ciencia, tecnología, sociedad e innovación, patrocinado por la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura. En América Latina podemos citar el caso de la Escuela Latinoamericana de Pensamiento en Ciencia, Tecnología y Desarrollo, que tuvo su apogeo entre 1950 y 1970  y el de la Sociedad Latinoamericana de Historia de la Ciencia y la Tecnología (ESOCITE) y sus correspondientes secciones en algunos países, que constituye el grupo de estudio contemporáneo más influyente sobre esta temática en nuestro contexto latinoamericano. Todas esas organizaciones científicas han contribuido en las últimas décadas al proceso de institucionalización de los estudios sociales de la ciencia y la técnica.

El nuevo orden económico que se impone en el mundo, caracterizado por un proceso de globalización -en cuyo centro vital se encuentra la tecnociencia-, dicta las pautas a seguir y obliga a los países a corresponder a las exigencias de la economía mundial: mientras pierde terreno el intercambio de mercancías y bienes físicos, se privilegia el intercambio de servicios e información tecnocientífica. Consecuentemente se reclama la intervención de las universidades como ámbitos en donde se llevan a cabo gran parte de los proyectos de investigación científico-tecnológica y como formadoras de profesionales integrales, capaces de mejorar la eficiencia para la generación de productos útiles a la sociedad e inofensivos al medio ambiente. Asimismo cobra importancia el estudio de los procesos por medio de los cuales las innovaciones, con sus éxitos y fracasos, pueden llegar a convertirse en socialmente redituables.

Todas las anteriores han sido las sociedades científicas más activas e influyentes de las últimas décadas, en materia de estudios sociales de la ciencia y la técnica y constituyen excelentes indicadores sobre el proceso de institucionalización de esta rama de estudios. En el pasado reciente, el estudio del fenómeno tecnocientífico podría haber sido superfluo o el resultado pasajero de una moda tecnocrática. Sin embargo, en nuestros días no se puede seguir postergando esta prioridad, sobre todo si se toma conciencia de que el fenómeno que denominados globalización, en sus diferentes acepciones, tiene en su centro vital a la tecnociencia. Por esta razón es importante convocar a los universitarios a mejorar la eficiencia para generar productos útiles para la sociedad, pero es relevante, de la misma manera, estudiar procesos por medio de los cuales las innovaciones, tanto como su invención, sus modificaciones y fracasos, pueden llegar a convertirse en socialmente redituables y también en objeto de estudio.

La Universidad de Costa Rica debe de dotarse de una visión estratégica sobre su participación social, mediante el estímulo de la investigación fundamental, la apertura de nuevos canales de comunicación y la elaboración de programas coherentes que aumenten la competitividad de los sectores productivos y que socialicen las políticas públicas. Todos estos aspectos conforman el contexto y el proceso de la construcción social de la innovación, factores que pueden estudiarse tanto desde la perspectiva de las ciencias básicas, como desde la perspectiva de las ciencias sociales, para, de esta manera, tender un puente entre las denominandas “dos culturas”, es decir, se trata de superar la división artificial entre una cultura de letras y otra de ciencias, según la dicotomía planteada por Snow en 1959, para dar paso a un marco interpretativo que más bien se centre en la coexistencia de éstas.

Una de las temáticas primordiales que permitirán tender este vínculo, es el análisis de la crisis medioambiental contemporánea. Desde la década de 1970 surgió una corriente fuerte de historia ecológica y ambiental, precisamente porque se empezó a tomar conciencia de la grave crisis ambiental por la que estamos atravesando, la cual es multicausal: el crecimiento de la población humana, el desarrollo del productivismo y el consumismo, la satisfacción de las demandas del mercado y la desigualdad, las cuales contribuyen de diversa manera con el efecto invernadero, la deforestación y la pérdida de biodiversidad, por citar tres problemas ecológicos importantes.

Estos fenómenos son históricos y tienen un alcance mundial, de allí que algunos autores, como O’Connor, señalen que la historia ecológica es una historia total, debido a que las modificaciones ambientales que se lleven a cabo en cualquier parte del mundo, tienen repercusiones planetarias. Una parte significativa de los estudios que tienen esta orientación, cuentan con antecedentes en el siglo XIX, cuando Ruddolf Clausius sentó las bases de la Segunda Ley de la Termodinámica, que plantea que cuando la energía y los materiales se transforman de un estado al otro, la energía gastada pasa a un estado en que es imposible reutilizarla para un nuevo proceso de transformación y parte de ésta se convierte en residuos o contaminación del ambiente (la entropía) lo que, desde un punto de vista más economicista, se denomina como externalidades negativas del proceso productivo.

Según Manuel González de Molina la historia ecológica y ambiental permite una nueva lectura de la época presente, a partir de los fenómenos anteriormente reseñados y es, por lo tanto, una aproximación multidisciplinar que también tiene enfoques dominantes: por una parte, algunos se centran en la historia de los recursos naturales (historia ambiental) y, por otra, algunos historiadores tratan de explicar la interacción entre las sociedades y los recursos, a partir de las tesis de la ecología. Entre ambos vértices se ubica también la historia económico-ecológica, que busca rescatar las externalidades negativas de los procesos productivos, obviando el enfoque crematístico (de precios) y proponiendo nuevas alternativas.

Antecedentes de los estudios sociales de la ciencia, la técnica y el ambiente en la Universidad de Costa Rica

 

Las disciplinas sociales que abordan el estudio de la ciencia y la tecnología modernas, nacen en la década de 1920 y tienen generalmente un enfoque filosófico o histórico. Posteriormente, durante los años 1940 se publicaron los primeros trabajos de la sociología de las organizaciones, la sociología industrial y la sociología del trabajo. En este mismo periodo surge el movimiento de los físicos críticos contra el uso de la energía atómica para fines bélicos.

La investigación profesional sobre la ciencia y la tecnología data de los años 1950 y se distinguen dos tradiciones. Por un lado la norteamericana se institucionalizó en las universidades y unidades administrativas, orientada principalmente al estudio de la tecnología y secundariamente a la ciencia, con énfasis en las consecuencias sociales. Por otra parte, la tradición europea se institucionalizó exclusivamente en unidades académicas, con atención prioritaria a la ciencia y sus antecedentes sociales.

En la década de 1970 las dos tradiciones se mezclaron dando origen a estudios acerca de la institucionalización de la ciencia, de los sistemas de relación entre científicos y entre científicos y grupos sociales, de la adquisición de credibilidad científica, de la dimensión social de los contenidos científicos, de las prácticas científicas y el tema del poder de la tecnociencia y la movilización de los actores.

Desde otra óptica, los estudios sociales de la ciencia y la tecnología de los años 1970 también se inscriben en dos vertientes. La primera es la influencia de la filosofía de la ciencia mertoniana, manifestada en la sociología de la ciencia aplicada a la evaluación de los programas científicos y tecnológicos y al estudio del control social por medio de la tecnología y de las elecciones tecnológicas. La segunda es la transformación de la sociología de la ciencia en sociología del conocimiento científico, gracias al “Programa fuerte” propuesto por David Bloor.

Este proyecto se propuso superar la sociología de los científicos, para explorar el estudio de las influencias sociales en el contenido de los avances científicos.

Durante los años 1980, la sociología de la ciencia se diversificó. Se da el nacimiento e institucionalización de los estudios sobre las políticas científicas y tecnológicas, inspirados en el “Programa fuerte”, con producción de los primeros trabajos de laboratorios y análisis sobre la literatura y discursos científicos.

En las dos últimas décadas ha surgido el interés por observar la actividad científico-tecnológica tal como se hace. Esta corriente ha tomado cuerpo en el movimiento denominado “giro antropológico”, que se ha operado en la sociología de la ciencia como resultado de la aplicación del “Programa fuerte” de Bloor y en la etnografías de laboratorios, emprendidas en la segunda mitad de los años 1970. Por su parte, los estudios sociales de la ciencia latinoamericana, han privilegiado los procesos de institucionalización científico-técnica y los de historia de las ciencias, con formación apenas incipiente de grupos de investigación.

Desde la perspectiva disciplinaria, el fenómeno de la ciencia y la tecnología ha sido estudiado por un abanico amplio de especialidades, dentro de las cuales se cuentan la Filosofía, la Historia y la Epistemología, que se concentran en los aspectos racionales, de evolución y de elaboración. También disciplinas como la Sociología, la Antropología y la Economía, se han dedicado a analizar los fundamentos socioeconómicos de la tecnociencia. Según Carrera (1989) “vivimos una época de realizaciones científicas donde apenas se advierte la influencia que ejercen sobre los seres humanos la ciencia y la tecnología de nuestro siglo”.

Para el caso costarricense recientes investigaciones como las de Amador, Páez, Solano (1990); Gómez y Savage (1991); Páez (1994); Páez, Jiménez y Leandro (1995); Ruiz et. al. (1995); Coronado (1997); Solano (1999); Denyer y Alvarado (2000); Peraldo et. al. (2002) y Díaz (2003) han demostrado la existencia de ideas y producciones científicas, a partir de un enfoque histórico. Esta evolución se dinamiza a partir de finales del siglo XIX, gracias al fuerte impulso que las políticas gubernamentales dieron a la ciencia como generador del progreso.

La producción científica y tecnológica nacional, al igual que en el resto de América Latina, ha sido condicionada por las relaciones desiguales entre el mundo desarrollado y la periferia. La incorporación de los avances científicos y tecnológicos de la última centuria a los procesos de desarrollo del país, ha generado en distintos sectores (académicos, sociales y productivos) reacciones muy diversas, desde los que abogan por su progresiva adquisición para fomentar el desarrollo económico hasta los que ven los graves perjuicios ocasionados en el medio ambiente por la contaminación producida por la excesiva tecnificación de la sociedad.

Esta problemática se acrecienta a raíz de los procesos de globalización económica y cultural en el presente, por lo que la Universidad de Costa Rica, como principal centro científico del país, promotor de la cultura y del debate en la sociedad costarricense no puede quedar indiferente ante dicha situación.

Por lo tanto, este programa tiene como antecedentes una serie de proyectos, foros y diferentes iniciativas académicas y de acción social, entre las que destacan las siguientes. El Proyecto de Meteorología e Impacto Social Regional en América Central y México (MISCAM-VI-805-97-519), que viene trabajando desde 1997 y ha contado con la participación de investigadores en el área mesoamericana, entre ellos el Dr. Jorge Amador, el M.Sc. Francisco Enríquez, la Licda. Flora Solano y el Lic. Ronald Díaz para caso de Costa Rica. Este proyecto produjo dos tesis doctorales (Carlos Contreras y Luz Fernanda Azuela de la UNAM) y tres de Licenciatura (Alicia López de la USAC, Flora Solano y Ronald Díaz de la UCR); además la organización de la Mesa de Historia y Entorno Natural del VI Congreso Centroamericano de Historia (Panamá, 2002); las visitas y cursos cortos impartidos por la Dra. Luz Fernanda Azuela en el CIGEFI, los minicongresos celebrados en esta entidad, encuentros de investigadores en San José (1998), Morelia (2000) y Antigua Guatemala (2001) y las publicaciones de numerosos artículos relacionados con el proyecto.

Otro precursor ha sido el proyecto Datos Meteorológicos en Centro América y México: aspectos históricos y científicos durante la segunda mitad del siglo XIX y su aplicabilidad a la variabilidad y el cambio climático, que permitió la recuperación de datos meteorológicos del siglo XIX para toda la región mesoamericana. Esta iniciativa está asociada a las investigaciones promovidas en nuestra región por el proyecto “Estudio de la variabilidad del clima y la variabilidad climática en México y Centroamérica” del Centro de Investigaciones Geofísicas (CIGEFI) y la Escuela de Física de la Universidad de Costa Rica y donde también participan la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Universidad de Miami (Estados Unidos) y cuyos estudios se han enfocado en la interacción de los fenómenos atmosféricos y oceánicos que producen el “veranillo de San Juan” y el ligamen de una corriente en chorro en el Mar Caribe vinculada a la producción de abundantes precipitaciones y fuertes vientos en esta zona a mitad de año.

Desde el año 2002 se crearon dos grupos de discusión dentro del Programa de Investigación en Historia Económica y Social del Centro de Investigaciones Históricas de América Central: el Grupo de discusión en historia ecológica y ambiental y el Grupo de discusión en historia social de las ciencias médicas y la salud pública. Por otra parte, desde el 25 de marzo de 2003, cuando se convocó a una reunión en el marco del Centro de Investigaciones Históricas de América Central, se ha promovido la idea de crear un programa multi, trans e interdisciplinario de estudios sociales de la ciencia, la técnica y el ambiente, que tome en cuenta los diferentes enfoques existentes, y siguiendo la óptica de la idea de la coevolución entre la sociedad y la naturaleza, considerando como una coordenada de análisis fundamental la tecnociencia.

En esta misma línea de acción, el Dr. Antonio Arellano presentó una ponencia en las Jornadas de Investigación del CIHAC, titulada Socioantropología de la ciencia y la tecnología, el día 28 de marzo de 2003. En la Semana de la Vinculación de la Universidad de Costa Rica, de agosto de 2003, se organizaron dos actividades importantes: un foro sobre los estudios sociales de la ciencia y la técnica en la Universidad de Costa Rica y una mesa redonda sobre los enfoques para el estudio de los estudios sociales de la tecnociencia, y se contó con la participación de: Dr. Juan Boza (matemático), MSc. Sonia Amador (bióloga), Dr. Antonio Arellano (antropólogo de la tecnociencia), Dr. Luis Camacho (filósofo), Dr. Ronny Viales (historiador) y Dr. Manuel Ortega (físico), como expositores.

Por lo anterior, el Centro de Investigaciones Geofísicas, en conjunto con el Centro de Investigaciones Históricas y algunas unidades académicas, han planteado la necesidad de promover un programa sobre Estudios sociales de la ciencia, la técnica y el medio ambiente, cuya finalidad sea la investigación de los procesos de institucionalización de las diversas disciplinas científicas y el cambio técnico, así como sus repercusiones en el desarrollo del país y la transformación de sus condiciones ambientales.